La abadía, habitada ya en el año 848 y cultivada por los primeros reyes de Navarra como corazón de su reino, fue entregada a los monjes cistercienses a finales del siglo XIII. Abandonada en 1836 a causa de leyes injustas, fue repoblada por los monjes de Silens en 1954. En 1961 se le restituyó el antiguo título de abadía; en 1971, el monasterio fue erigido en priorato semiautónomo y, en 1979, tras obtener la autonomía, fue condecorado con la dignidad de abadía.