Aléjate del bullicio del mundo. Atraviesa puertas que han permanecido abiertas durante siglos. Descubre un estilo de vida que ha ofrecido tranquilidad, hospitalidad y esperanza a cada generación desde el año 529.

Más que un simple viaje

Una peregrinación no son unas vacaciones. Es una decisión consciente de dejar atrás lo conocido para dirigirse a un lugar nuevo que te exige algo. Durante siglos, los cristianos han caminado hacia lugares sagrados en busca de encuentro, renovación y la claridad que solo se alcanza al salir de la rutina. Los monasterios benedictinos siempre han sido destinos naturales para los peregrinos, ya que fueron construidos para acogerlos. Cada huésped es recibido como al mismo Cristo, tal como reza la Regla de San Benito.

Cómo empezar

No es necesario organizar una gran expedición. Una peregrinación puede consistir en una sola tarde en un monasterio a veinte minutos de tu casa, o en un viaje transfronterizo que dure varias semanas. Sea cual sea su forma, aquí te explicamos cómo empezar.

Encuentra un monasterio

Busca en nuestro directorio mundial de comunidades benedictinas. Filtra por región, país o congregación y encuentra un lugar de esperanza, ya sea cerca de ti o en un lugar lejano.

Consigue tu pasaporte de peregrino

Solicita tu pasaporte de peregrino antes de partir. Colecciona un sello único en cada monasterio que visites y lleva contigo un registro de tu viaje.

Planifica tu visita

Consulta los horarios de visita, la disponibilidad de alojamiento y los eventos programados. Algunas comunidades solicitan que te pongas en contacto con ellas con antelación.

Emprende viaje

Ve solo o reúne a un grupo. Camina, conduce o toma un tren: no hay una forma incorrecta de hacer una peregrinación. Lo único que importa es que vayas.

¿Por qué hacer una peregrinación?

El mundo es ruidoso. Estos lugares no lo son.

Hay una razón por la que la gente sigue acudiendo a los monasterios. No porque sean curiosidades históricas, sino porque en su interior ocurre algo real. Hombres y mujeres han dedicado sus vidas enteras a la búsqueda de Dios, y eso transforma la atmósfera de un lugar. Entrar en un monasterio, es adentrarse en siglos de oración. El silencio no es vacío; está impregnado de la presencia que estas comunidades han cultivado desde el día de su fundación. Decidir adentrarse en eso, aunque sea por un día, puede reorientarlo todo.