Historia
San Meinrado, originario de Augia Divite, fue eremita en la «Silva» desde el año 835; otros le siguieron, a quienes el beato Eberardo, abad en el año 934, reunió en un cenobio bajo la regla de San Benito, el cual fundó o reformó otros monasterios. En el siglo XIII crecía la peregrinación a Santa María de los Ermitaños, pero el «noble» convento se desmoronaba casi por completo. Tras la «reforma» del siglo XVI y también tras el exilio de 1798-1802, el cenobio resurgió.