Su origen se remonta al cenobio de San Mauricio de Glannafol, fundado en el siglo VI en la diócesis de Angers y restablecido en el año 1890, desde donde los monjes exiliados fijaron su sede en Claraval, cerca de Luxemburgo. Sin embargo, nada más erigirse, en el año 1909, la nueva casa fue elevada al rango de abadía.